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El maridaje perfecto: Caviar Ruso y nuestro Chardonnay

Muchas especies de esturión figuran entre los animales más antiguos de la Tierra, así, no es de extrañar que la historia del consumo del caviar se remonte unos 2000 años atrás.

El caviar es uno de los grandes lujos gastronómicos, procede de las huevas de esturión, un pez que habita el Mar Caspio, los Mares de Rusia e Irán y que también está presente en los mares y ríos de Italia, España y Francia.

La reglamentación dice que para que sea verdadero sólo puede provenir de cuatro especies de esturión: Beluga y Osetra son las más conocidas.

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Para disfrutarlo, es muy importante cuidar sus compañeros de cata:

  • Mejor no utilizar utensilios de metal, ya que estos arruinarían su sabor.
  • Mantenlo siempre refrigerado a 4ºC y sírvelo a 7ºC sobre escamas de hielo picado en un recipiente de cristal.
  • Los compañeros de cata dependerán de si buscas generar contrastes o similitudes, para ésta última las tostadas con queso blanco son lo ideal.
  • Acostumbra al paladar con media cucharada la primera vez y la siguiente cárgala un poco más. En el paladar, juega con las perlas para conseguir mayor expresión de sabores.
  • Para acompañar la complejidad de su sabor, puedes beber un champagne francés, un vodka o nuestra exquisita “Doncella Chardonnay”, tal y como nos recomendaron sumilleres rusos en nuestra pasada visita a Moscú.

El vino y el caviar son dos alimentos que casan muy bien, sobre todo si se trata de vinos blancos secos o espumosos, para aquellos que prefieran un sabor más neutro que no altere el sabor del caviar. También aquellos vinos que regalan notas afrutadas y dulces al paladar, como “La Doncella Chardonnay” de Familia Conesa, la cual destaca por sus notas afrutadas de mora y grosella con importantes toques lácteos y recuerdos de especias adquiridos tras su crianza en botella.

Los sumilleres consideran que el caviar es un producto que va más allá de ser degustado sobre una tostada de mantequilla o queso blanco y ven en el vino, un maridaje perfecto para este particular oro negro.

En todo buen maridaje el vino debe realzar el sabor del plato que se degusta pero siempre desde un “equilibrio” para que el vino no tape el sabor de la comida ni ésta debe ser demasiado fuerte para tapar los matices del vino.